Fotos: Cortesía Pamela Gómez/Alejandra Rodríguez/Hilan Cruz/Rogelio Velázquez | El Universal

Dinero a costa del cuerpo

Existen formas de ganar dinero por medio del uso del cuerpo. Y no hacemos referencia a la prostitución.
Alejandra Rodríguez, Rocío Mundo y Abigail Saucedo | El Universal
18 Septiembre, 2017 | 02:00 hrs.

Desde hace más de 10 años, Víctor ha consumido medicamentos para ver cómo reacciona su cuerpo. Es un “conejillo de indias”. La empresa farmacéutica que lo contrata recurre a Víctor y a decenas de personas como él para probar la eficacia de sus drogas antes de sacarlas a la venta.

Si provocan algún daño, lo sufrirán Víctor y el resto de los voluntarios, no los clientes finales. Víctor ha sobrevivido a su experiencia, pero cree que muchos no lo hicieron.

Miles de personas en México recurren todos los días a su cuerpo, a alguno de sus órganos e incluso a las secreciones que produce para obtener recursos que les permiten sobrevivir u obtener los ingresos extra que necesitan para cumplir sus más anhelados sueños.

Soy voluntario

Víctor González despertó muy de mañana. Una vez más, se encontró rodeado de los desconocidos con los que pasó toda la madrugada. Ahí estaban, todos con su catéter en el brazo, preparándose para la enésima vez en que les tomarían muestras de sangre.

Eran los mismos extraños que la noche anterior jugaron ajedrez o vieron la televisión durante horas. Los observó convivir, mientras que deseaba nuevamente que la clínica hiciera caso a su petición de poner una biblioteca, o al menos, que le permitieran pasar un par de libros para matar el tiempo.

Pero no, a este lugar nadie puede entrar con nada, sólo con una especie de pijama, una toalla y un jabón, proporcionados por la clínica.

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Eran las 6:00 en punto y ya estaba listo para asearse, y así, llegar a tiempo para que midan sus signos vitales por última vez a las 7:00 horas exactamente. Para que a las 8:00, sin retraso, le extraigan los últimos dos o tres tubos de sangre, y luego reciba su último almuerzo y pueda regresar a casa. Para que después de 15 días, un mes o tres meses vuelva a pasar por todo el proceso, y finalmente, logre cobrar su cheque.

Víctor es voluntario en pruebas de bioequivalencia. En éstas, los medicamentos genéricos son probados en seres humanos, luego de haber hecho pruebas en animales. “Es un requerimiento de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para el registro de un medicamento genérico”, asegura Diego Ávila, directivo en Cecyc Pharma, uno de los centros que realizan este tipo de procedimientos.

Hasta antes de 1998, decenas de personas recurrían a este tipo de pruebas con el fin de obtener más dinero. “Antes sí se podía vivir de esto. Había personas que en una semana estaban en dos o tres estudios al mismo tiempo. Ahora no podemos ingresar a otro estudio hasta que pasen tres meses”, dice el voluntario.

“Antes sí se podía vivir de esto. Había personas que en una semana estaban en dos o tres estudios al mismo tiempo. Ahora no podemos ingresar a otro estudio hasta que pasen tres meses”, dice el voluntario.

La Cofepris regula a las clínicas en las que se aplican estudios, y les realiza auditorías cada dos años. La Norma Oficial Mexicana NOM-177-SSA1-1998 señala que “los voluntarios deben ser clínicamente sanos, deben tener edades entre 18 y 55 años y con un peso ± 10% del ideal y no deben tener antecedentes de drogadicción o de abuso de alcohol, café, tabaco o bebidas de cola”.

Para sustentar esto, a los voluntarios se les debe realizar un examen general de orina, química sanguínea, biometría hemática, prueba de la hepatitis B, VIH, radiografía de tórax y electrocardiograma.

Esas pruebas de gabinete Víctor ya las conoce de memoria. Se las han hecho decenas de veces desde que decidió obtener dinero de esta forma, a los 20 años. En ese tiempo, Víctor vivía con su familia, estudiaba Letras Hispanas en la Facultad de Filosofía y Letras, luego cambió de carrera y estudió Ciencias de la Comunicación, pero el dinero que sus padres le daban para su educación no fue suficiente.

Así que, por recomendación de un amigo, se propuso como voluntario para las pruebas de bioequivalencia en CIF-BIOTEC de Medica Sur, que cerró sus puertas este año. “No sé por qué lo cerraron. Ahí nos atendían bien, nos regalaban cosas. Siempre que entrabas a un estudio te daban un neceser con cosas muy finas”, recuerda.

No le avisó a nadie que ya lo habían aceptado. Cuando tenía pruebas, decía que se iba a ir de viaje o que tenía mucho trabajo. La primera vez que asistió fue para experimentar con un fármaco para tratar la esquizofrenia. Esa vez reclutaron a 70 voluntarios, hombres y mujeres. “Tuve muchas nauseas”, recuerda, pero sabía que tenía que resistir; si vomitaba lo hubieran expulsado del estudio por “tirar” el medicamento.

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“Hay varios diseños de estudio, el más común es el diseño cruzado, en el cual se evalúa el medicamento de patente contra el genérico”, afirma Ávila. En este diseño se les administran dos fármacos. En un primer periodo se les da el medicamento de patente, después de un tiempo en que su cuerpo ya lo desechó por completo, se les da el genérico. “Nos dan un vaso con 250 mililitros de agua y una enfermera se pone enfrente de ti con la tableta; luego te revisa para saber si te la tomaste”, dice Víctor.

Las personas que participan en las pruebas deben ser remuneradas en función del riesgo y del tiempo que invierta en el estudio, esto también lo señala la Norma Oficial Mexicana. A Víctor le han pagado desde 2 mil 100 hasta 5 mil pesos. En nuestro país, el pago máximo es de aproximadamente 10 mil pesos, cuando en países europeos llega a ser de hasta 60 mil pesos.

El Registro Nacional de Ensayos Clínicos (RNEC) incluye todas las “Solicitudes de Autorización de Protocolos de Investigación en Seres Humanos”, sometidas en 2013 ante el Centro Integral de Servicios (CIS) de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

En México hay 24 unidades clínicas que realizan estudios de bioequivalencia. Existen 16 mil 163 voluntarios registrados que participan en en la realización de estas pruebas. “Esto se hace por necesidad. No creo que nadie que no lo necesite vaya a arriesgar su salud. Para muchos es como un incentivo para mantenerse sanos, y como te hacen estudios de gabinete cada mes o cada tres meses, también es una ayuda”, dice Víctor.
 

“Esto se hace por necesidad. No creo que nadie que no lo necesite vaya a arriesgar su salud", dice Víctor.

 

Ventas disfrazadas de donación

La realización de su funeral ocurrió 10 años después de la fecha en que los médicos le indicaron que iba a morir. El profesor Rogelio Velázquez, especialista en Pedagogía Indígena por la Universidad Nacional Autónoma de México, no le ganó a la muerte, pero la engañó por un largo rato.

Cuando Rogelio tenía 30 años, la diabetes llegó a su cuerpo. A su corta edad, la enfermedad le auguraba un futuro incierto, pues sin saberlo sus órganos se apagarían lentamente. Un nuevo padecimiento apareció en su camino: la insuficiencia renal. Rogelio sabía que la única forma de salvarse y alargar su vida, aunque fuera unos años más, era a través de un trasplante de riñón. Sin embargo, la lista de espera era larga. Tal como lo ha sido a lo largo de las décadas en nuestro país.

En el primer trimestre de 2017, según cifras oficiales del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), en México, 21 mil 439 personas estaban en espera de la donación de un órgano. En 2006, había 9 mil 198 personas en espera de un órgano, de los cuales 4 mil 951 requerían de una córnea y 3 mil 240 de un riñón. El resto se distribuyó entre quienes necesitaban un hígado, corazón u otro tejido.

Rogelio Velázquez se decidió a buscar su riñón entre sus familiares cercanos, la solución la encontró en su hermana menor.

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“En el 92% de las veces se hace el trasplante de riñón a partir de un cadáver, no a partir de un convenio, porque entonces se requeriría mutilar a alguien para hacer un trasplante. Algunos países lo hacen, como México", asegura Rubén Argüero, el primer médico cirujano en realizar un trasplante de corazón en México, el 21 de julio de 1988.

Las historias terribles en las que personas eran asesinadas por traficantes que extraían sus órganos y los vendían en el mercado negro, parecen pasadas de moda comparadas con prácticas más eficaces para conseguir el mismo objetivo. Un vendedor se hace pasar por donador y el pago por el órgano se realiza fácilmente “por debajo del agua”, en cualquier lugar público o privado, mientras se toma una cálida taza de café.

"No supimos si hubo un acuerdo de venta como tal. Así de 'si tú me das el riñón yo te suelto una lana' o simplemente fue de 'tú apóyame y yo te apoyo'. La verdad no sé si mi tía le hubiera dado el riñón si mi papá no le hubiera ofrecido eso. La verdad no sé, pero sí hubo una gratificación. Fueron 500 mil pesos", dice Rogelio Velázquez, hijo del catedrático universitario.

"No supimos si hubo un acuerdo de venta como tal. Así de 'si tú me das el riñón yo te suelto una lana' o simplemente fue de 'tú apóyame y yo te apoyo', dice Rogelio Velázquez, hijo del catedrático.

En lo que va de 2017, la cifra de órganos trasplantados es de 4 mil 290, poco más de un cuarto de la población que aún se encuentra en espera. Al día de hoy, 13 mil 281 personas requieren de la donación de un riñón, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Trasplantes. Esto lo hace el órgano más cotizado en el mercado negro, en el que llegan a venderlo hasta en 500 mil dólares.

El motivo, aseguran, es la necesidad económica.

“El artículo 327 de la Ley General de Salud en México señala que está prohibido el comercio de órganos, tejidos y células. También apunta que estos se donarán por sólo altruismo, sin ánimo de lucro”, afirma Grecia Martínez, abogada penalista. Las sanciones van desde seis a 17 años de cárcel, así como una multa de entre 560 mil pesos y un millón 200 mil pesos ya sea por la compra o venta de un órgano.

Sitios como Marketplace de Facebook o Mercado Libre, cuyas políticas de publicación restringen tajantemente la venta de huesos y esqueletos, sangre o esperma, órganos, miembros o residuos humanos, ofertan riñones desde 300 mil pesos hasta medio millón de dólares.

“Vendo riñón Rh O negativo”, dice el título de la oferta en Mercado Libre, y pide a cambio de éste, 500 mil dólares. Su descripción señala: “Por necesidad económica pongo a la venta uno de mis riñones, soy hombre de 23 años, alimentación saludable, IMC de 20 kg/m2, no fumo, no tomo bebidas alcohólicas, ni consumo ni he consumido ningún tipo de drogas. Sólo gente interesada puede dejar una consulta o pregunta y nos ponemos en contacto. Sólo gente seria”.

Un posible comprador pregunta:

—¿Podría marcarle a algún número?

—Es que depende del precio que usted valore... porque muchas personas me han marcado pero me ofrecen muy poco y la verdad primero me gustaría saber su oferta para pasarle mis datos.

—Ofrezco US$450,000. Pero me gustaría saber cómo sería la forma de entrega, si es que llegamos a un acuerdo.

—¿Dónde te ubicas?

—Estoy en México.

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Aunque los vendedores afirman cumplir con las condiciones de salud estipuladas por los médicos: alimentación saludable y sin enfermedades crónicas, en esta compra la garantía de que el órgano sea compatible no existe.

En el caso de Rogelio, la compatibilidad genética lo favoreció. Sin embargo, otros padecimientos, ocasionados por la diabetes, aparecieron. Perdió la vista, y con el tiempo, el riñón sano de a poco fue enfermando también, hasta que finalmente falleció.

“Por necesidad económica pongo a la venta uno de mis riñones, soy hombre de 23 años, alimentación saludable, IMC de 20 kg/m2, no fumo, no tomo bebidas alcohólicas", dice un anuncio de Mercado Libre.

 

A cambio de un mechón

El documentalista Adrian Fisk mostró en su rodaje “El mercado del pelo humano”, cómo los devotos que acuden al templo de Tirumala, en la India, ofrendan a su dios Venkateswara alrededor de 400 kilogramos de cabello al día. Esta venta deja al santuario una derrama económica de alrededor de 3 millones de euros al año.

Las mujeres indias tienen costumbres diferentes a las de las occidentales, que benefician a esta parte de su cuerpo. Ellas no usan secadoras ni planchas o rizadoras, y por supuesto, los tratamientos químicos no están en su plan diario. Es por eso que sus cabelleras siempre lucen sedosas y con volumen, además de estar llenas de nutrientes, provistos de los aceites naturales que se aplican.

En el mundo, el cabello más cotizado es el que proviene de este lugar. Por eso, las empresas que se dedican a este mercado envían a sus empleados al sur de Asia para adquirir su valioso tesoro, que podrán vender como pelucas a precios mucho más altos en sus respectivos países.

En México, el boom por la compra-venta de cabello natural inició hace cinco años. Esta actividad no es nada nueva, y los personajes de “Chachita” y “María Isabel”, del cine de oro mexicano lo comprueban. Pero ahora es diferente, cada vez más mujeres se interesan en vender su pelo a cambio de una buena oferta monetaria. Algunas lo hacen por necesidad, y otras lo ven como una forma de obtener un ingreso extra a cambio de lo que finalmente acabará en el piso de una estética.

 

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Una de ellas es Roxana San Juan, quien buscó distintas ofertas por su cabello en la red. Sin embargo, la mayoría le ofrecía muy poco a cambio de su melena. Su pelo era como el de las mujeres indias: sedoso y largo, merecía algo más. Necesitaba el dinero para enfrentar los gastos que aumentaban por tener a su bebé. Hasta que encontró un lugar donde sí valoraban cada cabello suyo.

“Me dieron mil 200 pesos y además me estilizaron gratis el cabello que quedó”, explica San Juan, con su nuevo look, un corte cóncavo semi rapado.

Entre mil y 4 mil pesos es lo que se ofrece en la estética Extensiones de cabello 100% naturales, ubicada en el número 9 de la calle Querétaro en la colonia Roma. El establecimiento se dedica desde hace 14 años a la comercialización de cabello natural. El pago depende del largo, el peso, la tonalidad y el nivel de cuidado del cabello. Norma González es la propietaria de este negocio y es a través de Facebook como ella contacta a personas interesadas en vender su cabello.

“Me dieron mil 200 pesos y además me estilizaron gratis el cabello que quedó”, explica San Juan, una vendedora.

En la Ciudad de México no existen muchos lugares que comercialicen con este elemento corporal, a pesar de ser muy rentable, pues cada vez son más las mujeres que buscan una cabellera larga y abundante, y las pelucas o extensiones naturales son la opción para lograrlo.

Norma trabajó en la famosa estética Stars Hair Extensions, ahí “les aseguran que no se caerán las extensiones, pero al usar pegamento, el cabello queda quebrado y se cae”, recuerda. Además trabajan con intermediarios en la compraventa del pelo y de este modo pagan menos a quien desea vender su cabello.

Aunque la regulación de la compra-venta de cabello en nuestro país es inexistente, el negocio de Norma se apega a los criterios de salubridad que pudieran aplicar en la venta de las extensiones, que van de los 5 mil hasta los 20 mil pesos.

La Comisión Federal para Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris), basada en la Norma Oficial Mexicana NOM-110-SCFI-2004, señala que “En caso de que la prestación del servicio de embellecimiento físico cuente con garantía, el proveedor debe entregarla por escrito al consumidor”. La garantía que la propietaria da a quienes les pone extensiones es de cinco años si quienes lo usan no lo tiñen, y de dos a tres años si lo hacen.

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El cabello humano no sólo tiene fines estéticos, también se usa para la realización de pelucas oncológicas. Para hacer una sola peluca se requieren al menos tres trenzas de 100 gramos. Es decir, el pelo de una persona no es suficiente, el cabello de varias personas se mezcla para una sola peluca. Sin embargo, su proceso de elaboración es muy costoso, de aproximadamente mil pesos por cada una.

Las fundaciones que promueven la donación de cabello no tienen los recursos para pagar esta cantidad, por ello, recurren a sitios como el de Norma para vender el excedente de pelo donado, que ella usa para la realización de sus productos. A su vez, las fundaciones obtienen ingresos para seguir realizando pelucas.

Una vez, recuerda la estilista, una mujer con una cabellera larga y voluminosa llegó al establecimiento. Vivía en un albergue de mujeres que sufrieron violencia. Estaba ahí porque necesitaba un ingreso para pagar la renta de un cuarto para ella y su pequeño hijo. “Fue muy impresionante, mientras le cortaba el cabello ella lloraba, y la verdad yo también lloré”, afirma.

“Fue muy impresionante, mientras le cortaba el cabello ella lloraba, y la verdad yo también lloré”, afirma, la dueña de la estética.

Ésta ha sido la clienta a la que más le ha pagado. Le compró 80 centímetros de largo y 450 gramos de mechones de cabello por 4 mil pesos. Esta transacción le sirvió para hacer varias extensiones. Y a su clienta, para iniciar de nuevo.