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¿La pornografía afecta tu cerebro?

Un estudio determinó los efectos de la pornografía en el el cerebro
Redacción | El Universal
08 Noviembre, 2017 | 10:00 hrs.

Al mantener relaciones sexuales y al visualizarlas se libera en el cerebro de una sustancia llamada dopamina, que es un neurotransmisor cerebral relacionado con las funciones motrices, las emociones y los sentimientos de placer.

Sin embargo, el alto consumo de pornografía puede alterar la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro provocando que surja la adicción o el comportamiento adictivo.

Investigadores del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, Alemania, publicaron en la revista de la Asociación Médica Americana Psychiatry, un estudio denominado “Estructura cerebral y conectividad funcional asociada al consumo de pornografía”.

Los científicos descubrieron que tres regiones concretas del cerebro eran mucho más activas en las personas adictas a estos contenidos sexuales: el cuerpo estriado, la corteza cingulada anterior (control ejecutivo, control emocional) y la amígdala (centinela de las emociones). Además, ver demasiada pornografía también modifica el tamaño de nuestro cerebro.

La diferencia con respecto a practicar sexo, es que el porno produce una especie de “inundación” de dopamina. La descarga excesiva de esta hormona puede producir desórdenes cardiovasculares, renales, estomacales o endocrinos, entre otros.

El cerebro, cuanta más cantidad de pornografía ve, menos actividad, según concluyó la investigación. Esto hace que el cerebro necesite de más dopamina para sentir el mismo efecto y otorga una razón para generar una adicción a la pornografía.

La mente de un adicto a la pornografía se presenta con una constante necesidad de sentir una fuerte estimulación. Es por ello que el cerebro de un aficionado al contenido sexual explícito sea comparado con el de un alcohólico o un drogadicto.

“Hemos encontrado un importante vínculo negativo entre el acto de ver pornografía varias horas a la semana y el volumen de materia gris en el lóbulo derecho del cerebro, así como la actividad de la corteza prefrontal”, concluyeron los autores del estudio.